Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

lunes, 30 de marzo de 2015

Prometido, capi 77 y llegamos casi a la recta final... Sí, es duro para mí. Es como desprenderse de una parte de uno. Sólo me queda un descanso y seguiremos en carrera con el tercer libro. Así que no se asusten.
Un besote enorme. Las quiero.

Capìtulo 77
Expectativa.

(Perspectiva de Douglas)

Después de dormir unas ocho horas me desperté hambriento. Me levanté y miré por la ventana… La tormenta de ayer parecía haberse calmado pero la lluvia seguía persistente a la mañana. Iba a dirigirme a la cocina para que Margaret me preparara algo de comer pero antes tenía algo más urgente que hacer.

Golpee la habitación de Numa dos veces e inmediatamente escuché un “no hay nadie”.

Sonreí. Esa frase o que dijera “no quiero verte” era lo mismo.

-¡Vamos Numa, necesito que hablemos! –supliqué.
-¡No me da la gana! –gritó desde el interior.
-Numa… Eres mi amigo. No puedo estar enojado contigo.

Escuché sus pasos acercarse a la puerta pero la mantuvo cerrada.

-¿Tu amigo? Pensé que los amigos no tenían secretos, que se contaban todo, y además que confiaban uno en el otro.
-Numa… Lo siento.
-Douglas siempre lo arreglas con un “lo siento”. No es la idea que uno vaya equivocándose por el mundo y después pida perdón.
-Numa, no me hagas esto. Somos amigos. No podré ser feliz si tú no me perdonas.
-¡Arte dramático! Eso es lo que deberías seguir en vez de Economía. ¡Y no me enterneces! Estoy muy enojado. ¡Enojadísimo! Me mentiste la hora de la carrera, ¿todo por qué? Por si iba con el chisme a papá.
-Nooo. Nunca pensé que me delatarías. Yo… Yo sabía que no te caían bien ellos y si regresaba a casa después de haber corrido la carrera tú ya no tendrías que ir y repetir en mi oído, “no me gustan estos lobos, Douglas” y todo lo que solías decirme siempre.
-¿Tenía razón?
-Sí, tenías razón… Okay… Sólo espero que creas que sí eres mi amigo. Sólo que por atropellado y soberbio me equivoqué. Sin embargo te adoro, te quiero con todo mi corazón, y estoy realmente arrepentido. Quería ir a la cocina y comer algo pero, ¿sabes qué? Se me quitó el hambre. No puedo estar enemistado contigo. Avísame cuando me perdones… Y volveré a comer.

La puerta se abrió y Numa salió mientras yo me retiraba ala habitación.

-¿Encima manipulador? –preguntó.

Lo miré con lágrimas en los ojos.

-No es manipulación. Si me alimento enfadado contigo tendré un nudo en el estómago y todo me caerá mal.

Puso los brazos en jarro.

-¡Aguarda!
-¿Qué?
-Nada… También yo me siento mal al estar enojado contigo. Pero… ¡Es qué Douglas casi mueres! Todo por tu insensatez.
-Lo sé. Tuve mucho miedo. Créeme, estoy arrepentido y no volveré a ser locuras.

Me acerqué temeroso de un nuevo rechazo.

-¿Lo prometes de verdad? –murmuró.
-Sí –alcé la mano derecha en señal de promesa.
-¿Confiarás siempre en mí?
-Nunca dejé de hacerlo. Sólo quería que no me retaras todo el tiempo.
-¡Ah! ¡Ahí estás!

La voz de Lenya tronó por el pasillo.

Numa nos miró sin entender. Yo… sospechaba porque me buscaba.

-Tío… -sonreí.
-¿Recuerdas que te dije que te daría unos buenos azotes en el culo para que no te metieras en problemas nunca más?

Reí.

-Tíooo, ya aprendí la lesión.
-No, no. Las palabras se las lleva el viento, cuando no puedas sentarse en semanas estoy seguro que recordarás mejor cada vez que te hagas el superhéroe.

Dicho esto se quitó la correa del pantalón y yo por supuesto salí corriendo escaleras abajo.

-¡Tiooo, me portaré bien!

Escuché a Numa gritar.

-¡Perfecto! ¡Dale dos azotes por mí!
-Nooo –grité, y viendo que seguía mis pasos muy cerca me escondí en la cocina.

Corriendo me oculté detrás de Margaret y Rose.

-¡Aaay, Douglas! –exclamó Margaret tambaleándose al ser tironeada por mí- ¡Me tiras la tarta de las manos!

Rose miró divertida al observar a Lenya entrar a la cocina y avanzar con la correa del pantalón entre las manos.

-¿Te darán unos azotes en el culo? Me parece muy justo.
-¡Rose! No seas así –protesté.

Lenya avanzó pero salté sobre la isla pisando los tres manteles individuales que lucían inmaculados, para correr hacia la puerta.

-¡Los manteles recién planchados! –gritó Rose- ¡Eso sí es imperdonable! ¡Pues dale un azote por mí, desgraciado!

Salí corriendo atravesando la sala chocando con Charles.

Giré alrededor de él hasta quedar tras su espalda.

-Charles, dile que no lo haré más –reí.

Al ver a Lenya con la correa arqueó una ceja.

-Déjame adivinar. ¿Unos azotes en el culo por ponernos en vilo tantas horas?
-Exacto –dijo Lenya.
-¡Qué bien! Nunca se me había ocurrido. Creo que a Sebastien tampoco. ¿Crees que funcionará?
-¡Charles! –grité- la violencia no lleva a nada.
-Contigo no hay otra forma –protestó Lenya haciendo sonar la correa contra el respaldo del sofá.

Respiré agotado.

-Tío… De verdad… No olvidaré que no debo meterme en problemas.

Lenya me miró deslizando la correa por la palma de una mano.

-¿Le dirás siempre la verdad a tu padre?
-Te lo prometo.
-¿Pensarás tres veces lo que harás?
-Sí sí…
-¿Te dedicarás a estudiar como debió ser hasta ahora?
-Sí sí, te lo prometo.

Bajó la correa y se dispuso a colocarla por la pretina de los jeans.

Lo miré sonriendo…

-Te ha faltado preguntarme si siempre te llamaré tío y no Lenya como a un extraño.

Levantó la vista y me miró.

-No, a eso no puedo obligarte. Eso nace de ti o no nace.

Me senté en el sillón mientras Charles nos observaba a los dos.

Mi tío estaba concentrado en la hebilla de la correa.

-Tío… Ahora ya no corre peligro mi vida. No me encuentro en una situación extrema. Sé que piensas que por eso no te llamé por el nombre “Lenya”, pero no es esa la razón.
-¿Y cuál es?
-Dentro de mí… siempre desee llamarte tío. No sé si fue la rabia al entender que no había nadie más poderoso que tú, inclusive más que mi padre. Quizás por haber nacido de una vampiresa. Lo cierto que no soportaba tu prepotencia porque parecías que nadie te importaba sólo tú mismo. Mismo con Rodion siendo él tan generoso y fiel para contigo. Pero… Cuando ayer te jugaste por mí... Comprendí que hay seres que ocultan sus sentimientos como forma de escudo.

Lenya calló pero me miró fijo.

-Te pediré disculpas delante de todos. Es lo justo. Porque delante de todos te desprecié –aseguré.
-No necesito que pidas disculpas delante de todos –susurró-. Que hayas aprendido que no debes juzgar a los seres sin conocerlos me es suficiente. También yo juzgué a tu padre antes de conocerlo en persona y no tengo dieciocho años. Todos nos equivocamos alguna vez y prejuzgamos. Dejemos que el tiempo pase y veremos como nos llevamos. Puede que mal, puede que bien. Pero hay algo que no podrás cambiar. Soy un Craig por sangre y por derecho. Soy tu tío aunque alguna vez te pese.

Sonreí.

-Si me amenazas con darme azotes con la correa, me pesará.

Bianca interrumpió bajando la escalera como si la llevara el diablo. Hoy tenía franco y seguramente si hubiera estado mi padre, ambos no se hubieran separado en todo el día.

-¡Charles!
-¿Qué ocurre?

Quedó inmóvil en el primer escalón como si el miedo no la dejara avanzar.

-Charles, Sabina…
-¿Qué ocurre con mi madre? –interrumpí.
-No, no ocurre nada malo con ella. Sabina me envióun correo para avisarme que los lobos esperan a Sebastien en el tercer claro del bosque mañana al mediodía. Reclaman la paliza que sufrió el hijo de Chamán, creo que se llama…
-Hans –contesté-. Se llama Hans el maldito. El caradura delincuente ha ido con el chisme por la mitad. Obvió lo más importante. Que intentó matarme.
Sí –agregó Lenya-. Y la paliza se la he dado yo.

Charles lo miró.

-Tengo entendido que el alfa de Suiza tiene una cuenta pendiente contigo, ¿no es así?
-Sí.
-¿De qué hablan? –pregunté.
-Largo de explicar, pero tu padre está al tanto de los hechos –respondió Lenya.
-Cielos, ¿qué haremos Charles? –dijo Bianca angustiada- No podemos comunicarnos con Sebastien. Lo he intentado por el móvil y parece fuera de alcance. Siempre le he dicho que abriera un correo de email.
-¿Mi padre con email? –sonreí- No lo veo chateando.
-No se preocupen me conectaré con él. Ven Bianca, vamos al Estudio y me dirás que más te ha contado Sabina.

(Perspectiva de Sebastien)

El único bar en la Isla del Oso era pequeño pero confortable. Mi socio András Paulsen tenía unos cincuenta y cuatro años y demostraba amplia experiencia en negocios. Un hombre canoso de ojos claros y sonrisa amable. Daba la impresión de ser una persona con códigos y honesta pero en definitiva no lo sabría sino con el correr del tiempo.

Compartíamos el café de esa mañana nublada, para mi favor. Ya que András estaba harto del mal tiempo. Miré por la ventana vestida con cortinas lisas de color canela. Por el cielo plomizo viajaban nubes espesas como si el viento a las alturas hubiera arrastrado el humo de cientos de chimeneas.

Gozábamos de poco tiempo de luz gracias a la primavera. La bruma había ascendido hacía un par de horas y desde mi lugar podía ver las costas heladas bañadas por el Mar de Barents con su color petróleo. A varios kilómetros, el chorro de una ballena rompía el repetitivo vaivén de las olas. Sólo podía llegarse hasta la isla por mar. Ningún medio era posible. Con András alquilamos un barco que partió desde el pequeño aeropuerto de Leknes. Yo había llegado allí desde Kirkenes y él desde Oslo.

Moría de ganas por volver a Kirkenes. Y pensar que Bianca se había quejado alguna vez del clima de Laponia. Bianca… Escuchar su voz diciendo que me amaba me llenó el corazón de júbilo. No era que dudara de su amor pero a orgullosa y terca nadie le ganaba.

Sonreí.

-Es bueno alimentar nuestros pensamientos con hechos del pasado que nos gratifiquen señor Craig –dijo András sacándome de mi burbuja.

Reí.

-Cierto. Extraño mi familia. Por favor, llámeme Sebastien. Somos socios y tanta formalidad nos aleja.
-¡Me parece bien que nos tuteemos! En cuanto a extrañar, mi mujer acaba de dar a luz hace unos diez días. No conozco a mi hijo.
-Creí que tenías un hijo y una hija mayores de edad.
-OH, Finn y Ster… Sí, de mi primer matrimonio. Ocurre que enviudé y volví a casarme con una mujer excepcional. Mi pequeño se llamaWillen, nació de tres kilos trescientos. Después no supe más nada. Los móviles quedaron sin señal.
-Lo sé. No he podido comunicarme con nadie.
-¿Tu familia vive en Kirkenes?
-Sí.
-¿Qué tal si pedimos algo más fuerte que un café? ¿No crees que hace más frío que esta mañana?
-Supongo que la bruma se ha levantado y la temperatura descendió. Pidamos un whisky, yo invito.
-Muy bien, Sebastien.

El encargado del bar era Jim, un viejo ermitaño que había trabajado muchos años para la base meteorológica hasta que lo emplee en la fábrica de productos de mar. Ahora se dedicaba a atender el pequeño bar para esporádicos turistas y el nuevo personal de la base. Fue el único ser humano que resistió a la helada mortal. Su familia había fallecido junto al personal de la base.

En la gran cabaña de la base András y yo dormíamos junto a los nuevos científicos que habían llegado hacía tres meses y dos ingenieros que viajaron con él desde Oslo. Eran expertos en excavaciones. Ellos fueron los que indicaron que debíamos soportar más pérdidas que ganancias si se trataba de explotar el petróleo. Lo que obtendríamos no sería suficiente si queríamos alardear de un buen negocio. Fue así como desde el último viaje comenzaron los estudios de las minas de carbón abandonadas.

Desde el mes anterior la embarcación del Estado noruego anclaba con madera y materiales de construcción pago por el gobierno para reconstruir las cabañas deshabitadas como parte del pago de concesión. Antes, familias llenaban de conversaciones y risas las paredes de troncos y pisos alfombrados. Ahora los sonidos imaginarios eran sólo ecos de fantasmas congelados.

¿Cuántas veces debía comenzar de nuevo? ¿Mis emprendimientos siempre se verían coartados? El mundo humano era más difícil de lo que creía.

Como adivinando mi pesadumbre, András sonrió.

-Vamos Sebastien, alegra esa cara. Verás que pronto nos llenaremos de dinero. Muchas personas aman vivir lejos de las ciudades contaminadas de delitos y gases tóxicos. El carbón alimentara tu isla.
-Bueno, ha sido parte mía por mucho tiempo, en realidad ha pertenecido al gobierno.
-No seas pesimista. El Estado verá que le conviene continuar la concesión contigo.
-Es que nunca me he dedicado a otra cosa. No sé que haría en Kirkenes.
-Pues, algo se te ocurriría. Tienes mirada de inteligente.

Reí.

-Gracias.
-A propósito, ¿era tu madre quien tenía ese tono de iris? Juraría que a veces cambian de color. De un azul grisáceo a gris humo.

Y a gris plata... Pensé. Gris plata cuando muero de placer en los brazos de mi Bianca.

-A mi padre. Mi madre los tenía azules.

(Perspectiva de Liz)

Ron Me vio entrar y sonrió para después seguir con la lectura. Leía recostado a la ventana de la cocina. Estaba segura que su vista paseaba por las letras de Stephen King pero sus cuatro sentidos restantes estaban expectantes ante cualquier visita extraña. Lenya y la perfecta chica Gólubev no se veían por ninguna parte. ¡Qué odio! En la sala Mijaíl y un tal Demetri tomaban un coñac con Charles. Mi hermana y Bianca no habían podido llegar al hospital por las grandes inundaciones. Según las imágenes de la TV, Kirkenes estaba convirtiéndose en Venecia. Nosotros corríamos a favor ya que la parte de los bosques era la zona más alta por excelencia.

Scarlet no había asistido a sus clases en la Jefatura aunque bien habría podido hacerlo. Ella tenía el don de materializarse en cualquier lugar que deseara pero no era conveniente surgir como de la nada en el aula de clases diciendo, “hello, llegué hasta aquí y no me he mojado ni una gota”.

Me senté en silencio frente a una taza de café recién hecha. Tomé el azucarero y eché dos cucharaditas de azúcar. Debía haber puesto una decena porque mi vida últimamente era amarga como la hiel. No sólo había tenido que soportar las caricias de esa vampiresa atorrante a mi Lenya sino que a mitad de la madrugada se me había ocurrido, maldita sea la idea, de pasear sigilosa por el pasillo frente a la puerta de su habitación. No escuché ningún sonido que saliera de la boca de mi vampiro bello. ¡Para qué! Con los gemidos de ella eran suficientes. No sé quien aseguraba que las paredes estaban construidas con aislante porque a decir verdad, para tapar quejidos placenteros de esa “perra” no eran suficientes.

Aparté la taza de café con rabia y me levanté caminando hacia la heladera. La abrí y observé…

Un atado de espinaca, un tarro de mayonesa, salchichas, limones, hamburguesas, pollo en presas, pastel de frutilla y chocolate… ¡Pastel de frutilla y chocolate! Si iba a tapar mi angustia iba hacerlo con todas las letras. ¡Si señor!

Deposité la bandeja en la isla y cogí un cuchillo y una cuchara…

Miré a Ron de reojo.

Me observaba risueño.

-¿Problemas del corazón?
-¿Quién dijo?
-Ese pastel de frutilla y chocolate grita auxilio.

Reí.

-No te ofrezco, sé que no querrás.
-Cierto. Pero tengo una oreja si quieres hablar.

Dejó el libro sobre la alacena y se sentó a mi lado.

-Estoy pasando por lo mismo, Liz. Créeme que te entiendo.
-Lo sé. Aunque Scarlet no se pasea besuqueándose y manoseando a otro.
-Es verdad. Pero que mis ojos no la vean no quiere decir que no lo haga.
-No sé. Ojos que no ven corazón que no siente.
-¿Lo dices convencida?

Lo miré antes de poner un trozo grande de pastel en mi boca y negué con la cabeza.

Saboree despacio y degusté el sabor delicioso de la fruta mezclada con el chocolate.

-Dime… ¿Qué pasará con los lobos? Lenya está en problemas, ¿verdad? –pregunté en cuanto tragué el pastel.
-Veremos que ocurre. Hay que esperar a Sebastien. De todas formas nadie tocará un Craig sin que pase por nuestro cadáver.
-Lucharán cuerpo a cuerpo.
-Sí y con lo que tengamos. Por ejemplo Anthony y yo poseemos armas de fuego.
-¿Podrían matar esta clase de hombres lobo con un simple arma de fuego?
-Por supuesto. Los vampiros también morimos por las balas. La cabeza y el corazón son los puntos clave.
-¿Me muestras tu arma?

Ron me miró sorprendido.

-¿Otra chica Craig que quiere ser policía?
-No –reí-, Charles insiste que mi puesto en el Registro Civil es ideal.

Reímos.

El bello guardaespaldas retiró el arma de un costado de su cuerpo que ocultaba el saco negro que siempre vestía impecable. Colocó el arma sobre la isla.

-Te cuidado, está cargada.
-No te preocupes. Sé de armas. Mi madre me enseño desde muy chica. Practicábamos contra la corteza de los viejos árboles. En mi ciudad habitan no sólo animales salvajes, también podrían aparecer personas sin escrúpulos y éramos mujeres solas viviendo en una cabaña en la campiña. Cuando nos quedamos solas con Marin teníamos una escopeta… Nunca llegué a matar a un lobo salvaje. Pero te aseguro que no habría dudado si llegaba el caso por defender a mi hermana.
-Eres muy valiente.

Cuidadosamente tomé el arma y la di vueltas entre mis manos con extrema lentitud.

-¿No tiene laser?  -pregunté al observar que el modelo parecía ser muy moderno.
-No –rio-, los vampiros no necesitamos laser. Para una buena puntería sólo debes fijar el objetivo y…
-Y bajar dos centímetros –interrumpí.

Arqueó una ceja divertido.

-Es el movimiento que debes tener en cuenta. El disparo hará mover el arma dos centímetros hacia arriba.
-Felicitaciones.

La entregué entre sus manos y me dispuse a comer otro trozo de pastel.

-Dime Ron, ¿nunca se te ha escapado un tiro sin querer?
-Nunca. Además no la tengo permanentemente conmigo. Si salgo de la mansión no la llevo. Podrían descubrirme entre humanos y mi aspecto no sería el problema sino la falta de permiso para portarla. Es un refuerzo cuando estamos cuidando la mansión. De lo contrario la guardo en mi mesa de luz. Bueno, ahora estamos en alerta… Tú sabes. Aunque Bernardo se encuentre entre ellos podrían actuar sin decirle y atacar a traición.
-Es cierto Bernardo es incapaz de hacer algo contra los Craig pero no debemos confiar en los lobos.

Anthony entró a la cocina silbando una canción.

-Te toca descansar Ron. Charles y Mijaíl están cerca de los muros y yo tomaré un café.
-¿Llueve mucho?
-Constantemente –respondió.
-Está bien. Dormiré un par de horas.
-No has dormido desde lo de Douglas, Ron. Debes reponer energía.
-Dos horas es suficiente.
-Como gustes.

Antes de abandonar la cocina, Ron me miró desde la puerta.

-Oye Liz. Si necesitas hablar me buscas y tomaremos un café. Recuerda, mi habitación está en la segunda planta, quinta puerta lado derecho.
-Gracias Ron… Gracias de verdad.




8 comentarios:

  1. Hola cariño, me ha sentado muy bien este capítulo para tomarnos un respiro después de las últimas angustias, en especial me ha encantado la interacción de Lenya y Douglas, me alegra mucho por ellos, y quedamos todos al pendiente del desenlace de esta preciosa historia; gracias por compartirla.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola Claudia! Final tormentoso nos espera. Quizás para entrar con mucha acción en el tercer libro. Paciencia mi sol. Todo paso a paso se arreglará.
      Un beso gigante, espero estés mejor. Un besazo.

      Eliminar
  2. Hola Lou... A mí también me da pena que esta novela se acabe, pero nacerá la siguiente ;-)
    Numa estaba muy enfadado y llegué a creer que Lenya iba a pegar a Douglas... pero todo se ha solucionado
    Yo creo que a partir de ahora, Douglas siempre llamará "tío" a Lenya
    Me ha encantado verlos recuperados porque lo pasaron realmente mal en la gruta
    Supongo que Hans solo ha contado mentiras y más mentiras a los demás lobos... lo que pasa es que está el problema de Lenya que tuvo secuestrado al Alfa durante tanto tiempo
    Y Sebastien, lejos, sin saber nada de los últimos acontecimientos... me alegra que las cosas con Bianca estén por buen camino
    Liz está muy celosa... no estaría mal que le provocara celos a Lenya con Ron ;-)
    Ha sido un placer leer este nuevo y estupendo capítulo
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola Mela! Numa se ha enfadado porque se ha asustado y mucho. Me pareció muy bien que le reclamara. Hans cuenta lo que le conviene, ya veremos. Porque la verdad siempre sale a la luz.
      El problema de Lenya es grave para los lobos. Pero hay una diferencia. Se arrepintió antes de que el Alfa le ocurriera algo. En el caso de Hans nunca iba a echarse atrás.
      Liz está que trina, pero no será Ron el rival de Lenya, Aunque entre nosotras... Difícil que ese espécimen tenga un rival. Jajaja. Un beso enorme y gracias cielo!!

      Eliminar
  3. Q bueno es leer q Douglas y Lenya se empiezan a llevar bien, me encanto q lo persiguiera con la faja jaja muy bueno, y esos lobos no veran q Hans es malo, esperemos q ese lobo asesino pague x todo lo q a hecho....y Lenya sigue con esa vampiresa noooo, seria bueno q Liz le diera celos a Lenya para q él vea lo q ella siente!!!...ojala q Sebastian llegue pronto, gracias x el capitulo y estoy triste xq queda poco para el final de este libro!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola cariño! Yo también no quiero que termine. Ni imagino lo que sentiré cuando los Craig verdaderamente lleguen al final.
      Lenya sigue y seguiré con Natasha, aunque no la creo una mala vampiresa. Son amores cruzados. Aparecerá un rival para Lenya y será una historia muy conmovedora. Eso espero, es el fin de mis escritos, transmitir lo que siento con ellos.
      Todo se irá arreglando despacio. Sólo que quizás habrá que esperar la tercera entrega para verlos juntos. Juro que valdrá la pena. Gracias guapa por estar siempre. Besotees.

      Eliminar
  4. Uy yo amo a Lenya, es tan lindo por lo menos Douglas esta madurando. Me da pena que haya terminado el libro 2 esperare con muchas ganas leer el tercero t e mando un beso

    ResponderEliminar
  5. bellas chicas, sin lugar a dudas,,,saludos.-

    ResponderEliminar