Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

viernes, 6 de marzo de 2015

Hoy no subiré entrevistas porque los Craig no he podido localizarlos, sepan disculpar, será para la próxima. Besotes a todos y gracias... Capi... fuerte y triste.

Capítulo 66
La tempestad.

(Perspectiva de Hans)

-¡Eres un idiota Tomas!

Tomas se escurrió en la silla y bajó la cabeza.

-¿Cómo se te ocurre ofrecerle tu droga a ese “niño de mamá”?
-Lo siento, pensé que era buena idea. Perdería el control poco a poco y sería más vulnerable.
-¡Idiota! Casi lo echas todo a perder. Ya lo sabes estás fuera del plan.
-¡Pero Hans, no es justo! Fue sólo un error.
-Un error que por poco nos cuesta el objetivo a cumplir. ¿Creíste que la familia no estaría vigilando como no lo hacen los tuyos contigo?

Observé el ambiente en la cocina de Clelia. Era acogedor pero demasiado humilde para vivir. No importaba porque para el caso nos serviría. En otro lugar las reuniones secretas podían ser susceptibles de descubrirse y eso no me lo hubiera perdonado nunca. Miré a Tomas sentado en la silla con rostro acongojado, a Rex recostado al manco de la pequeña ventana que daba a los fondos, y Jack de pie, por la rendija de la puerta entreabierta vigilaba a Clelia que se encontraba en la huerta.

-Hans -dijo Rex-, ¿tienes pensado algún plan?
-Por ahora no. Sin embargo hay que actuar rápido. Mi padre quiere viajar a Kirkenes para ver a Bernardo y parte de la manada que ha viajado con ellos. El trabajo hay que hacerlo en esta semana.
-¿Lo asesinaremos o lo dejaremos ciego nuevamente? –preguntó Rex.
-Quitarle los ojos de lobo que nunca le pertenecieron no estaría mal –reí-. Pero no puede quedar vivo. Si nos reconociera estaríamos en problemas. Eso sí, quiero que nos contemple en sus últimos segundos de vida. Hay que pensar en algo urgente.
-No te preocupes, él confía en nosotros. Hemos salido por ahí y nos hemos divertido. Nos tiene confianza… Menos a Tomas, por supuesto –contó Jack.

Gruñí enfadado mirando al estúpido sentado frente a mí.

-¡Idiota! No me lo recuerdes.
-Hans… pensándolo bien… Se me acaba de ocurrir una idea para que caiga en la trampa –dijo Jack.
-Soy todo oídos, amigo –contesté.
-Para eso tendremos que usar a la tu hembrita. Ella lo llevará hasta donde queramos.
-Mmm… Clelia… No sé si será conveniente. Podría traicionarnos…
-¡Qué va! Por lo poco que la conozco pude ver que es una hembra temerosa de las represalias –agregó Jack.

Rex se apartó de la ventana y apoyó los puños en la mesa mirándome fijo.

-De todas formas ella es de la misma especie de Douglas. Es hija de una maldita vampiresa. ¿La dejarás viva para que otro engendro manche por el mundo nuestra reputación de lobos puros?

Lo miré.

-Tienes razón Rex. Aunque espera poder disfrutar un poco más de sus habilidades en la cama. Podríamos hacerlo más adelante… Sin embargo ahora que lo pienso… Mataríamos dos pájaros de un tiro.
-Por supuesto -rio Jack-, armemos el plan perfecto.
-No hay plan perfecto –retrucó Tomas.
-¡Cállate imbécil! Tú eres el imperfecto.
-Tu hembrita terminó de plantar zanahorias –rio Jack cerrando la puerta –viene para aquí.

Clelia entró cabizbaja a la cocina al minuto y medio que mis muchachos se sentaran a la mesa. Llevaba entre sus brazos una bolsa de semillas que depositó en un armario. Al inclinarse para guardar la bolsa su culo perfecto ceñido por los jeans quedó en exposición.

Mis amigos resoplaron… Y sonreí.

-Los amigos comparten todo Hans –sonrió Rex.

Me puse de pie y avancé hacia Clelia. La tomé de un brazo y la giré frente a mí acorralándola contra el viejo armario. Me miró confundida mientras besaba su cuello perfumado y tibio.

Sentí a mis muchachos acercarse por mi espalda…

-¿Comparte Hans? –preguntó divertido Jack.
-Por supuesto –contesté-, vamos a mi habitación.

Clelia tomó conciencia de los planes para ella e intentó revolverse entre mis poderosos brazos.

-¡Nooo! ¡Hans! –gritó Clelia.
-No participaré de esta orgía –habló Tomas.

Lo miré mientras sostenía por la fuerza a mi hembra.

-¿Ah no? Pues vete al demonio cagón. Y no aparezcas por aquí hasta que te llame.

Rex acarició el cabello de Clelia y se acercó por detrás.

Ella comenzó a llorar como el engendro débil que era.

-No te preocupes cariño, después me agradecerás. Nunca sentirás tanto placer, ni siquiera con el macho de tu noviecito –reí.

(Perspectiva de Lenya)

Cuando entré en la cocina Sara y Rodion conversaban y reían animadamente. Era extraña la sensación. No podía negar que disfrutaba verlo tan contento pero a la vez sentía que no podía alegrarme como lo hubiera hecho cualquiera con un gran amigo que ve dichoso. Supuse que me recordaba a mi madre y la soledad en la que había vivido y que en parte había sido culpa de él.

Caminé hacia la heladera y cogí la jarra de agua helada. Al cerrar la puerta de un fuerte envión provoqué que ambos me miraras sobresaltados.

Fui a la alacena y cogí un vaso.

-¿Necesita algo? ¿En qué lo puedo ayudar? –preguntó Sara sonriendo.
-Necesito que te largues de aquí y te pongas a asear mi habitación –ordené tomando un trago del vaso y sentándome en un taburete junto a Rodion.

Ella titubeó antes mi mal trato y se puso de pie inmediatamente.

-Sí señor, ya mismo iré.

La puerta de cocina se cerró. Rodion se mantuvo en silencio pero sentí su mirada acusadora y perpleja sobre mí.

Deposité el vaso sobre la isla y lo miré.

-¿Qué? –pregunté de mal modo- ¿No es una de las encargadas de la limpieza? ¡Mi habitación está echa un asco!

Sus ojos continuaron mirándome sin parpadear. Como si quisiera ahondar en mi mente.

Después de un prolongado silencio estiró su cuerpo para acercarse a mí y su rostro quedó a pocos centímetros del mío. Me miró con compasión.

-Lenya… Tu madre está muerta.
-No me dices nada que no sé –sonreí irónicamente.

Bajó la vista y se incorporó para sentarse derecho.

-¿Tú crees que si ella viviera yo tendría ojos para otra hembra?
-No lo sé –murmuré.
-La amé con locura, la veneré.

Mi iris se clavó en los de él con furia.

-¿Por qué mierda no le dijiste que la amabas?

Respiró profundo y apoyó las manos sobre la isla. Entrelazó sus dedos y quedó pensativo unos segundos antes de hablar.

-Sé que fue un error. Que debí confesarle que la amaba y quizás, sólo quizás, ella se hubiera fijado en mí y olvidado con el tiempo a tu padre. Pero no lo hice, y ella ya no está. Permíteme vivir en armonía por lo que dure mi vida. Permíteme perdonarme por lo que no fui capaz de hacer. Me darás ese permiso ¿Podrás lograrlo?

Callé… El nudo que apretaba mi garganta permitió que la saliva como hiel se deslizara al tragar. Mis ojos se humedecieron…

La mano de Rodion se posó en la mía que mantenía descuidada sobre el mármol de la isla.

-Lenya… ¿Crees que podrás permitirme tratar de ser feliz?
-¡No lo sé! ¡No sé si puedo verte dichoso mientras ella está bajo tierra convertida en polvo!
-Que sea desdichado y vuelva a llamarte “mi señor”, ¿te reconfortaría? Dímelo, haría cualquier cosa por verte bien.

Negué lentamente con la cabeza mientras mis lágrimas corrían por las mejillas.

-¿Por qué todo no fue distinto? –susurré quitando mis lágrimas de la cara, con rabia.
-No lo sé, querido. A veces cometemos errores pero si ya no podemos enmendarlos y son irreparables… Entonces hay que tratar de vivir lo mejor posible con ellos a la espalda.

Asentí en silencio mientras mis labios temblaban de rabia e impotencia.

Palmeó mi hombro y caminó hacia la puerta.

-Rodion…

Giró la cabeza y me miró.

-Lo siento, lo siento de verdad.

Sonrió y la puerta se cerró dejándome solo con el desolador silencio de la cocina.

(Perspectiva de Clelia)

La habitación estaba a oscuras… Me di vuelta en la cama revuelta, dolorida… En la cabaña no se escuchaba ningún ruido… Se habían ido…

A duras penas me levanté y me arrastré hacia el ropero. Cogí un vestido a rayas rojas y blancas que usaba a menudo y calcé unos zapatos de tacones bajos que estaban bastante deteriorados. Recogí mi cabello enredado por el manoseo de esos delincuentes y lo até con una bandita elástica que estaba en mi mesa de luz. Me sentía tan sucia… Tan sucia e infeliz. Nunca iba a escapar de las garras de Hans. Conseguiría lo que fuera de mí por la fuerza y si me negaba me mataría… No le daría el gusto de asesinarme. No… Y tampoco me usaría para traicionar a Douglas cualquiera fuera su plan.

Miré mis manos temblorosas y recorrí con la vista mis brazos magullados y mis piernas mordidas. Dios…

Abrí lentamente la puerta de la habitación y me asomé con el temor de ver a Hans. Un relámpago iluminó la sala. Era madrugada y una nueva tormenta se avecinaba en Kirkenes. Caminé despacio hasta llegar a la cocina… Nadie allí… Se habían ido… Pero volverían.

Tenía sed. Me serví un vaso con agua y dejé el recipiente en la mesada. Seguí caminando hacia la puerta que daba a los fondos, la abrí al mismo tiempo que un trueno con furia retumbaba en mis oídos.

Mi huerta… Allí estaba… ¡Cuántas ilusiones tenía de dedicarme a una vida tranquila! Levantarme temprano y ver el sol naranja surgiendo en el horizonte, prepararme un té caliente o un jugo de frutas y observar por la ventana el día despuntando entre los pinos, o la lluvia… Quizás habría mañanas de lluvia… Me gustaba la lluvia también, ¿por qué no?

Eché un último vistazo al juego de mesa y sillas de madera, a las hornallas de cocina donde alguna vez había preparado mermeladas, a las paredes blancas, al ambiente pequeño y acogedor…

Salí a la intemperie cuando las primeras gotas gruesas de lluvia comenzaban a caer. Caminé hacia el cobertizo y apenas entré busqué la cubierta de nylon trasparente con la que cubría las plantas más endebles cada vez que llovía. Si no lo hacía parte de la huerta no resistiría y moriría. Mi huerta no tenía culpa de mis decisiones. Eran seres vivos. Así que salí del cobertizo y cubrí las especies más débiles y sus retoños.

Después alcé la vista al cielo.

Tormenta eléctrica…

El cielo parecía descargar con furia el contenido de las nubes blancas y espesas. Comenzó a llover cada vez más fuerte y mi cuerpo quedó empapado en segundos. Daba igual…

Emprendí el camino después de echar la última mirada a mi cabaña. La había construido con la ayuda de Bernardo y otros lobos más. Pequeña, pero para mí hubiera sido suficiente.

Uno a uno los relámpagos iluminaron el camino a seguir. Debía tomar la cortada por el bosque hacia el fiordo que se abría en el lago, allí… a pocos kilómetros de la mansión de los Craig.

Douglas… Estaría durmiendo seguramente…

Sonreí.

Mi Douglas, tan inocente, tan puro, tan enamorado de mí. Y yo… Ahora tan sucia… Si sus manos con sólo recorrerme me quitarían toda basura de mi cuerpo. Si sus besos pudieran borrar esas bocas inmundas… Pero no… Nunca lo lograrían. Merecía ser feliz al lado de otra hembra que lo amara bien y fuera digna de él. Valiente, decidida…

Al pasar por la cabaña de Bernardo mi corazón se estrujó. Bernardo… ¡Cuántos recuerdos desde que nos conocimos en el hospital! Cuanta vida y energía llevaba en su ser. Siempre tan alegre y dispuesto a ayudar. Sin embargo si supiera lo sucia que estaba por esos delincuentes, hasta él me hubiera dado la espalda. Recordé como me había reprochado mi cobardía… “Bernardo, tienes razón. Jamás sería digna de Douglas”.

El camino irregular se hizo agreste entre los cipreses altos y frondosos. Poco a poco el ruido ensordecedor de los truenos pareció música que me arrullaba en el largo camino por recorrer. Quizás me llevaría una hora o más…

Los recuerdos se agolparon en mi mente y fueron la dulce compañía durante todo el recorrido. Aquella primera vez que Douglas visitó a Bianca escapándose de su padre. Lo había acompañado Ron… ¡Qué par de valientes contrarrestar las órdenes de Sebastien! Además era ciego aún. Y aquel día que hicimos el amor por primera vez… Me había vendado los ojos para no estar en desigualdad de condiciones. Sí, fue maravilloso tenerlo entre mis brazos y enseñarle todo lo que desconocía del sexo. “Douglas… Alguien te amará más que yo… Lo sé. Y esa hembra será capaz de sacar los ojos por ti. No hará sólo un sacrificio y desaparecerá por las dudas que fuera hacerte daño. No, esa hembra que tengas algún día luchará por ti con todas las armas. Yo sé que la encontrarás, amor”.

Al cabo de casi dos horas el cielo tembló por un nuevo trueno que pareció partir el cielo en dos. La lluvia era torrencial y prácticamente no veía. Sin embargo me alcanzaba con divisar el acantilado del fiordo que daba al lago. Ese lago que lamía las costas y se mezclaba más allá con el Mar de Barents.

Me descalcé y me dispuse a subir aferrada a las rocas de aristas afiladas. El agua de lluvia corría como torrente por la superficie áspera y fría. Miré hacia arriba mientras la lluvia caía en mi cara y lavaba mi cuerpo pegándolo a la fina tela de mi vestido. Falta poco Clelia…

Fue difícil llegar hasta la cima del barranco pero al fin después de media hora lo había logrado. Sentí que por una vez en la vida había intentado algo difícil y había alcanzado el objetivo.

Respiré profundo y di dos pasos hacia el abismo. Abajo las aguas furiosas por la lluvia y el viento, azotarían las rocas de puntas afiladas. Las crestas de blanca espuma resaltaban en la oscuridad de las aguas y se entremezclaban por los canales adentrándose hacia las cuevas para volver a salir y enfrentar con más fuerza la furia del mar.

Di un paso más y percibí el comienzo del vacío…

Mis ojos se alzaron a una línea imaginaria del horizonte y trastabillé.

De pronto, ante mis ojos, poco a poco una silueta fina y delgada surgió como si flotara en el aire. Abrí mis ojos para poder apreciar su rostro entre nebulosas.

Era una mujer muy bella… Su cabello no parecía estar sujeto a la furia del viento y la lluvia. Al contrario caía en cascadas sedosas hasta la cintura.

Tragué saliva y recorrí las líneas de su rostro… Reconocí ciertas facciones parecidas a mí cuando me peinaba en el espejo. Y la recordé…

Entonces, supe que era ella…

-Mamá… -murmuré.

Ella sonrió con tristeza.

-Mamá, ¿eres tú?

No contestó. Por el contrario pareció alejarse.

-¡Mamá! –exclamé dando tres pasos- ¡No te vayas! ¡Te necesité tanto!

En ese instante su figura se disolvió en el aire y al mismo tiempo la silueta de un hombre surgió en su lugar.

Parpadee tratando de que la lluvia torrencial me permitiera ver mejor esas raras apariciones. Sequé el agua de la cara con las manos… Y lo reconocí.

Su figura imponente con la capa negra que tenía aquella vez que lo vi en la sala de la mansión por primera vez. Su rostro masculino y perfecto como sus hijos, como su nieto… Su cabello largo y canoso…

-Adrien… -susurré.

Sonrió con tristeza pero sus labios permanecieron sellados.

Di un paso más hacia él y percibí un vacío en el estómago que me obligó a cerrar los ojos.… Después un dolor agudo en todo el cuerpo imposible de soportar.

Sonreí y abrí los ojos lentamente.

Aún estaba allí flotando entre la furiosa tormenta.

-Adrien… Debo ser afortunada. Soy la única que aun estando viva puede contemplarte.

Su rostro se contrajo por la angustia y sus labios pronunciaron unas palabras por primeras vez.

-No querida… Ya no lo estás.

(Perspectiva de Grigorii)

-¡Buen días! ¡Qué tormenta bestial! –saludé entrando a la oficina del jefe.

Hansen me miró por arriba de las gafas y apartó el periódico.

-Buenos días… Te noto animado y alegre. ¿Puedo saber a qué se debe?

Sonreí.

-A nada en especial. Debe ser el buen humor con el que me levanto siempre.
-¿No digas?
-Por supuesto. ¿Me ha visto de mal humor alguna vez? –volví a sonreír.
-A decir verdad no –se quitó las gafas y los depositó despacio en el escritorio- si he podido verte triste y abatido, pero no, de mal humor no.
-Lo ve, tengo razón. ¿Saldremos de ronda? –pregunté.
-¿Hay otra opción? No pensarás que por la tormenta eléctrica las personas no delinquen.

Reí.

-¡Aquí estoy jefe! –exclamó el Vikingo abriendo la puerta.
-Era hora Hakon, ¿tú no tenían que relevar a John hace dos horas?
-Lo siento. Las carreteras están inundadas. Prometo mudarme más cerca de la Jefatura.
-Te lo tomo por hecho, te daré un mes. Ahora vayan y...
-¡Jefe!

Kan, un oficial que trabajaba en horario nocturno entró a la oficia empapado de pies a cabeza.

-¿Qué ocurre?
-Tenemos trabajo en la zona del lago. Exactamente en los acantilados.
-¿Qué ocurrió?
-Parece que hay un cuerpo tirado en las rocas. Los Bomberos y Defensa Civil ya están trabajando.
-¿Un suicidio? –preguntó el Vikingo.
-Eso lo averiguarán ustedes –ordenó mi jefe. Después nos miró.- Vayan cuanto antes. Alguien ajeno puede alterar las pruebas.

………………………………………………………………………………………………........

La lluvia no cesaba y el trabajo de retirar el cuerpo de los acantilados fue muy difícil. Con el Vikingo permanecimos tres horas esperando en la patrulla hasta que observamos movimientos nuevos del equipo de rescate. Salimos al mismo tiempo y nos acercamos a la ambulancia que estaba estacionada a un costado del camino.

-Esperemos aquí Grigorii.
-Vale.
-No hay personal que no sea de los rescatistas. Parece que nadie se ha enterado –dijo meditabundo.
-Salvo el pescador que descubrió el cuerpo esta mañana, así dijo Kan –agregué.
-¡Pobre familia! –suspiró mi compañero.
-Sí… Cierto. ¿Qué llevará a una persona a suicidarse?
-Bueno… No lo sabemos. Pudo haber sido empujado por alguien.
-No lo creo Vikingo. El día no amerita que alguien asesine de esa forma a otra persona habiendo tantos otros recursos más fáciles.

Hakon me miró sonriente.

-¿Te he dicho que me gusta tener un compañero tan inteligente como tú?

Reí.

-¡Vamos! Están trayendo el cuerpo –dije avanzando para cruzar la carretera.
-¡Aguarda! ¿No ves la furgoneta? –exclamó mi compañero cogiendo mi brazo y tirando hacia atrás.

La furgoneta pasó frente a mí hacia el centro de Kirkenes pero a los pocos metros aminoró la velocidad y se detuvo.

Lo que faltaba –protestó mi compañero-, un curioso.

Cruzamos la carretera. Al pie de las primeras rocas alcalinas que derivaban en las cumbres estaba la ambulancia con las puertas abiertas de par en par para poder ingresar la camilla.

Fui el primero en llegar hasta el rescatista que tapaba el cuerpo con una manta.

-Buenos días, oficial Pretov –quité mi credencial nueva que había ordenado el comisario y proseguí como el reglamento indicaba-. ¿Podría decirme si el cuerpo tiene alguna identificación?

Se volvió de espaldas a mí y gritó.

-¡Matew! ¿La chica llevaba documentos en sus ropas?
-¡No! –contestó el otro hombre desde una distancia considerable. Sólo encontramos este par de zapatos tirado por aquí.
-Parece que no oficial, no llevaba documentos con ella salvo que la joven haya perdido sus documentos al saltar del barranco.
-¿La joven? –pregunté.
-Sí, es un femenino de edad entre veinte a treinta años, más no creo. Está destrozada. El vestido sólo son trozos rasgados.

Dicho esto destapó el cuerpo.

-Dios… -susurré.
-¡No puede pasar señor retírese!

La voz del Vikingo me sacó de la visión espantosa de ese cuerpo con el cual soñaría varias noches.

-¿Qué ocurre? –pregunté acercándome al hombre corpulento que intentaba avanzar –no puede permanecer aquí, hay un cadáver.
-¡La conozco! Por favor, conozco esas prendas. ¡Por favor! Déjeme corroborar.

Hice una seña al Vikingo y me aparté para que se acercara.

El hombre se acercó lentamente y en su rostro vi la desolación.

-No puede ser, Clelia…
-¿La conoce? –preguntó el Vikingo.
-Sí… Era una amiga… Clelia… ¿Por qué? Dios…
-¿Conoce algún familiar?

El hombre quedó pálido.

-No, ella… no tenía familiares.
-¿Ninguno?

Negó con la cabeza mientras contemplaba el rostro desfigurado de la joven.

-¿Su nombre, señor? ¿Quiere ayudarnos con la planilla de datos?
-Sí… Yo… necesito hacer una llamada.
-Por supuesto, pero dígame su nombre –solicitó mi compañero.
-Mi nombre es Bernardo. Bernardo Hoswall.


8 comentarios:

  1. Hola amiga, el final me ha puesto los vellos de punta, qué impactante y qué punto más álgido de la historia; espero con ansias leer lo que viene porque creo que va a marcar mucho la trama. Gracias una vez más por compartir tu preciosa historia.

    Besos.

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    1. ¡Hola Claudia! Sí es un capi impactante. Tienes razón es un punto clave. Un antes y después de lo ocurrido con Douglas. Veremos amiga, falta muy poco para terminar la segunda parte. Gracias por estar aquí siempre. Besotes.

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  2. Nooo Clelia xq hizo eso, ahh q triste estoy no pudo aguantar tanta presion y tristesa x lo q le hicieron esos malditos a ella, uuff deveras q fue un capitulo muy fuerte y lo peor es q Bernardo la identifico, oh y cuando Douglas se entere va ser un duro golpe para él...estos seres malvados tienen q pagar y no salirse con la suya en vengarze de Douglas, saludos Lou!!!

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    1. ¡Hola Laura! Muy triste sí, pero quizás vengan tiempos mejores para Douglas, ten paciencia. Para Douglas será un golpe duro y creo que algunos problemas vendrán. Veremos cariño. Un beso y gracias por estar aquí.

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  3. Uy pobre pobre douglas va sufrir cuando sepa de Celia , ella no me caía por lo que lo dejo pero no quería su muerte. Te mando un beso y te me cuidas.

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  4. ¡Hola Judit! Gracias por comentar. Douglas la pasará mal pero yo creo que tendrá una oportunidad para amar. Un besote grande y gracias.

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  5. Hola Lou... Realmente este capítulo ha sido muy fuerte y muy triste... pero en la vida real también hay momentos muy fuertes y muy tristes... por lo tanto, has reflejado a la perfección una realidad muy dura
    Ha sido una sorpresa impactante y muy desagradable saber que Hans, Tomas, Rex y Jack planean deshacerse de Douglas... cuánta maldad albergan
    Y la pobre Clelia me ha dado una pena infinita... y también he sentido rabia e impotencia
    ¡Qué miserables son estos canallas!
    Imagino que Douglas va a sufrir mucho cuando se entere de lo sucedido... y lo que veo peor es que todos van a pensar que Clelia se suicidó
    Espero que Hans, Tomas, Rex y Jack paguen muy caro la atrocidad que han cometido... porque, aunque Tomas no haya participado, es tan culpable como los demás ya que lo ha permitido
    Siento muchísimo que Clelia se haya arrojado por el acantilado, que se sintiera sucia sin tener culpa de nada, que no haya pedido ayuda
    Para Bernardo ha tenido que ser terrible verla muerta y destrozada
    Y pienso que aunque Lenya se haya sentido mal al ver a Rodion con Sara... acabará aceptando que Rodion intente ser feliz
    Te felicito por este gran capítulo, Lou... ya imagino que incluso para ti habrá sido duro escribirlo
    Esta historia me está pareciendo una maravilla
    Besos

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  6. ¡Hola Mela! Sí ha sido duro pero como dices es la vida también. Para Bernardo ha sido duro y para Douglas lo será más. Toda maldad tiene finalmente su precio. Quédate tranquila.
    En cuanto a Lenya en el fondo entenderá a Rodion. es difícil al principio porque su pasado vuelve reiteradas veces. En cuanto al suicido... yo creo que todo se descubrirá. Hay una forense muy buena en Kikenes. Un beso enorme y gracias totales corazón.

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