Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

viernes, 24 de octubre de 2014

¡Holaaaa!
Antes que nada gracias por contestar y seguir el juego. Ay caramba que le han pegado a algunas de las respuestas, ¡eh! jajajjajaa. No diré cuales por ahora. Sé que después dirán, ¡siii eso lo sabía yo! Jajajjajjaaa
Bien, aquí tenemos el nuevo capi que si tienen los ojitos despiertos y la imaginación libre ya van a avizorar algunas cosillas.
Tengo un video para ustedes que viene a colación de lo que cuenta el señor Grigorii que dicho sea de paso es buen mozo, ¿no? Mañana o pasado lo cuelgo.
El capi es largo pero se lo merecen mis chicas. Un beso enorme y muchas gracias por alegrar mi vida.

Capítulo 33
Grigorii Pretov.

(Perspectiva de Grigorii)

Entré al primer bar que encontré en el centro de Kirkenes. Pequeño y poco iluminado. Me quité la cazadora de cuero y la colgué en el respaldo de la silla. Me senté y di el cuarto vistazo al ambiente. Siempre actuaba así. Atento, detallista, desconfiado. Quizás porque mi profesión me había subsumido en un mundo donde tener esas cualidades te distinguía de vivir o ser hombre muerto.

Tiré la carpeta sobre la mesa, contenía los datos que me había facilitado el comisario sobre la muerte de esa mujer, una tal Samanta…

Una camarera se acercó y me preguntó que deseaba tomar. Cuando levanté los ojos de la mesa y la miré, sonrió.

Conocía de memoria como me miraban las mujeres. Primero a los ojos, después la boca, por último mi caja torácica, para ser más exactos, los músculos marcados.

No sonreí. No por creerme la divinidad caminando sino porque una sonrisa a una mujer con mirada libidinosa hubiera significado algún estilo de aceptación a la invitación solapada que recibía.
“Una cerveza, por favor”, contesté. Ser distante no significaba ser maleducado.

Se retiró lentamente con desgano. Quizás querría entablar una conversación. Sin embargo yo no entablaba conversaciones con extraños salvo que quisiera indagar sobre algún asunto. Eso también surgía de mi permanente desconfianza, además… la camarera jamás podría darme algún dato relevante de esa muerte que para mí tenía varios puntos sin resolver.

Abrí la carpeta y quité una de las hojas, leí…

Si yo descubría que no se había tratado de un suicido podría comenzar a tener una próspera carrera. Me la merecía. Nunca había sido mal tipo, ni mal compañero con mis colegas, aunque “ellos” pensaron que había sido egoísta al ocultar el medio y el modo de cómo había llegado a resolver aquel asesinato en Nueva York y a descubrir al asesino.

Lo entendía a pesar de que me había dolido en lo más profundo. Las cuestiones paranormales no siempre son asimiladas, mejor dicho, casi nunca.

Pero era la verdad. Tenía el extraño don de ver más allá de lo que veían mis ojos a través de mis sueños. No me ocurría siempre, esporádicamente. Ese detalle tampoco tenía explicación.

De mi maldita niñez no tenía buenos recuerdos. Mi padre un borracho golpeador que no podía mantener una conversación coherente más de media hora. Como odiaba que fuera a las reuniones de colegio. Por años mis compañeros se rieron de mí, y así aprendí a defenderme desde corta edad.

No había tenido una infancia común, en realidad pésima. Al fallecer mi madre de un tumor cuando yo apenas tenía siete años de edad, quedé al cuidado de mi padre. Cuidado lo que se dice cuidado era un decir. Mi padre no podía cuidarse ni así mismo. Creo que ese fue el motivo principal por el que elegí una profesión de alto riesgo. Siempre pensé que si pude salir a flote de las penurias que me habían tocado vivir podría salir airoso de cualquier cosa.

Soporté mucho de mi progenitor hasta que un día se mandó una bien grande y lo eché de casa. Yo tenía veintidós años… No lo volví a ver. Mañana… Mañana cumplo treinta y dos.

Miré la hoja impresa… Leí los datos nuevamente… Una mujer rica, exitosa, con un hogar constituido, ¿por qué querría morir? Bueno, podría haber razones, pero… La caída a tanta velocidad… No cerraba de ninguna forma. ¿Cómo era posible que la policía no se hubiera percatado de ello o siendo así le había restado importancia?

“Aquí tienes cariño”, dijo la mesera depositando el chop de cerveza. Esta vez no la miré, continué clavando la visa en la hoja A4, por supuesto murmuré un “gracias”.

Cuando escuché los pasos alejarse levanté la vista y la observé. No era el único que se detuvo a mirarla. Dos o tres clientes siguieron su andar felino y su estrecha cadera. Podría haber estado en mi cama y seguramente hubiera pasado una buena noche, buena, no maravillosa. Porque para pasar una noche maravillosa en brazos de una mujer tendría que ser en los brazos de la mujer de mis sueños.

Sí, soñaba casi todas las noches con esa mujer que jamás había conocido pero que de tanto aparecerse en mis sueños la tenía grabada en mi memoria. Quizás producto de mi cerebro y ese afán por encontrar la perfección. O tal vez el hecho de no tener madre y ese complejo edípico no resuelto. Eso me había dicho un psicólogo aquella vez cuando recurrí a un profesional para tratar de encontrar explicación.
Cualquiera hubiera festejado el hecho de tener esos sueños erótico y placenteros, yo no. Era difícil encontrar satisfacción en las mujeres terrenales si constantemente comparas el modelo sublime que se apodera de tu subconsciente.

Cerré los ojos unos instantes y una de las repetidas imágenes de mis sueños volvió a castigarme.

Una playa, sol, mar, y ella descansando sobre las arenas ardientes y la brisa fresca. Yo me acercaba y ella sin abrir los ojos sonreía. Estiraba su delicada mano femenina y perfecta y yo la tomaba. Ella tiraba de mí mientras reía. Su risa… ¡Su risa tan contagiosa como me gustaba! Entonces ya tirado junto a ella la rodeaba entre mis brazos y le hacía el amor. No era sólo la entrega lujuriosa de dos cuerpos, era mucho más que eso… Eran dos almas en comunión.

Me despertaba angustiado, no sólo porque mis sueños siempre terminaban sin ella, porque ella desaparecía por arte de magia y yo me quedaba solo y lleno de dolor, sino por saber de memoria que jamás iba a hallar esa mujer hermosa y perfecta.

A veces imaginaba una vida en familia con esposa e hijos y un hogar que me hiciera feliz. Sin embargo mi trabajo me impedía asentarme aunque no sería algo imposible. Sí lo sería el hecho de enamorarme. Nunca amaría a una mujer como la amaba a ella. A ella… A la mujer ficticia que se aparecía en mis sueños, la que me hacía reír con sólo escuchar su risa, la que moría por mis caricias y yo por las suyas. La que me volvía loco de placer en esa playa paradisíaca…

Mi cerebro estaba enfermo, lo intuía. Además de ver hechos y rostros en mis sueños que muchas veces tenían conexión con los casos a mi cargo, soñaba con una mujer desconocida. Una Afrodita que me llevaba al paraíso cada vez que se metía en mi mente. ¿Veía el futuro? No, porque esa joven de rasgos y cuerpo perfecto no podía ser humana.

Volví al presente y tomé un trago de cerveza. Leí los datos del forense, la forense… Era una mujer… Bianca McCarthy. ¿No era noruega? Sería norteamericana o de padres norteamericanos. En definitiva aunque fuese china o finlandesa tendría que llegar a hasta ella. Había varias preguntas que quería hacerle.

No era forense pero mi profesión de tantos años me había llevado a hablar el mismo lenguaje, conocer los términos, y lo más importante, si tenía acceso al cuerpo podía darme cuenta si al médico legista se le había escapado algo. ¿Sería el caso? No me consideraba machista, al contrario. Estaba convencido que en algunas profesiones la mujer es más competente. ¿La causa? Porque es más detallista, más persistente, más cuidadosa. De todas formas no perdía nada en hablar con ella aunque primero debía acercarme a la casa de la supuesta suicida.

Tomé tres tragos largos de la cerveza.

Ese pozo no podía ser tan profundo si el cuerpo había caído desde una planta alta. Ni siquiera de un edificio de seis o siete pisos. Algo no cerraba… ¿Dónde vivía?

Busque el dato del domicilio al principio de la redacción… Ah bueno, debía suponer que vivía en Johan Knudtzens gate. Muy cerca del hotel Thon y el museo Savio. Zona privilegiada.

Terminé la cerveza y salí del bar rumbo al barrio residencial. Bajo el brazo llevaba la carpeta inseparable y en mi bolsillo de la cazadora un papel pequeño con el número de móvil de la camarera. Sonreí. Persistente la chica. En otro momento hubiera sido factible llevarla a la cama, estaba para no desperdiciar sinceramente, pero ya era tarde y necesitaba estar en casa lo más pronto posible porque Anne estaba sola.

Arranqué mi moto después de guardar en la baulera de atrás la sagrada carpeta y emprendí viaje.

El invierno en Kirkenes era jodido. Además del frío, la noche eterna. Observé el cielo entre algunos edificios y la estela verdosa de la aurora boreal decoraba la noche sin luna. Faltaba aún para diciembre pero este otoño en particular estaba siendo uno de los más crudos que había vivido en toda mi vida. Al menos esas mortales olas de frío habían cesado. Quién sabe si volverían a desatarse. El planeta estaba viejo, más el mal uso y los pocos medios de desarrollo sustentable estaban acabando con los recursos. Quizás todos pereceríamos alguno de estos días. Al parecer el norte de Noruega había sido la zona más afectada por el extremo frío. En el norte de Rusia tenía entendido que también habían azotado las heladas pero yo me encontraba en Nueva York, gracias a Dios.

Al llegar al frente de la bella propiedad pude observar al policía que estaba de guardia. Estacioné la moto sobre la vereda, tomé la carpeta de la baulera y me acerqué. El guardia me miró por debajo de la gorra.

-Buenas noches -saludé.

Asintió con movimiento de cabeza como saludo.

Mostré la carátula de la carpeta y le expliqué que trabajaba junto al comisario Hanken sobre el caso del suicidio. Le pedí para pasar dentro de los límites de la propiedad pero arqueó una ceja y tomó el móvil radio de su bandolera.

-¿Su nombre?

Saqué mi pasaporte ruso y lo extendí para que lo viera.

-Mi nombre es Grigorii Petrov.
-Aguarde un momento.

Con varios sonidos con algo de interferencia trató de comunicarse con alguien. Al par de minutos supe que estaba hablando con el mismísimo comisario. Temí que me negara el permiso ya que él había dejado claro que no me prestaría ayuda, pero si no se me permitía entrar al lugar del hecho poco y nada podría averiguar. Esperaba que fuera razonable.

Me retiré unos pasos y recorrí el barrio con la mirada. Diablos que eran ricos los que vivían en estos lares. Las casas eran mansiones antiguas con jardines decorados a pesar de la fría y gris estación. Altas rejas de hierro forjado separaban el mundo de los pudientes, de nosotros, los miserables. Si mi Anne pudiera vivir con tanta comodidad. No deseaba lujos para mí, sí para ella.

El guardia me llamó por el apellido y me entregó el pasaporte.

-¿Es ruso?
-Sí señor.
-¿De qué parte? Tengo familia allí.
-Nací en Solntsevo, noroeste de Moscú.

Dio un silbido largo.

-Barrio peligroso, ¿verdad?
-No tanto, quizás pobre o humilde pero no demasiado peligroso. Quizás me he acostumbrado cuando viví allí. En realidad me mudé al centro de Moscú cuando cumplí veintidós años.
-Tiene acento inglés.
-Ah, sí… Viví en Nueva York un tiempo… Ehmm… ¿Me permite pasar?
-¡OH! Claro. El comisario me ha dicho que sí pero no toque nada. Dijo que confía en usted.
-Así será. Gracias.
…………………………………………………………………………………………….
Media hora me mantuve al pie de la fosa rodeado de las cintas rojas y blancas que había puesto esa mañana la policía. ¿Un metro y medio? ¿A qué velocidad había caído el cuerpo? Eché un vistazo bajo la luz de los potentes faroles del jardín. Varios canteros habían sido removidos. Entonces… Un jardinero pudo muy bien haber trabajado en este pozo.

Me incliné hasta que una de mis rodillas tocó el césped. Mis ojos recorrieron las paredes laterales del pozo. Tierra negra y fresca… Si era un pozo hecho por algún jardinero tenía que haber sido cavado hoy temprano, o a la madrugada. En estos días había llovido… Tenía que haber agua en el fondo, a lo sumo tierra húmeda. No… Este pozo había sido reciente.

Me puse de pie, incliné la cabeza para mirar desde otro ángulo. La tierra no había sido trabajada. El pozo no tenía señales de marcas de herramientas como podía ser una pala y tenía forma rectangular y fina, no como la pala de la excavadora. Las paredes parecían lisas y perpendiculares hasta el fondo. No… Este pozo había sido producto de la caída del cuerpo.

Miré hacia la planta alta. Una de las dos ventanas de balcón corrido tenía luz. Una cortina fue echada a un lado de forma enérgica dibujando una silueta de hombre. ¿Sería el viudo? ¿O un hermano? ¿O un hijo de la difunta? Mi mirada se apartó unos tres metros del balcón… ¿Un tragaluz? Miré hacia abajo donde estaba el pozo… ¿Se tiró por el tragaluz? ¡Qué ridícula forma de suicidarse teniendo un balcón! Este caso sobre suicidio no encuadraba por donde lo vieras. ¿Y si alguien la había empujado? Tenía que saber más sobre la hora que había ocurrido el hecho. ¿Quiénes estaban en la casa? ¿Qué estaban haciendo en ese instante que ella supuestamente decidió quitarse la vida? Debía indagar a cada uno de los que se encontraban en la casa y en tal caso debían probarlo. ¿Pero cómo si no era parte de la policía de forma oficial?
Bueno, perdido por perdido, intenté.

Avancé hasta la enorme puerta de cedro y toqué el timbre. Aguardé unos minutos y volví a insistir. No era una hora adecuada para molestar a la familia pero no había otra salida si quería enterarme de algún dato más.

Cuando pensaba desistir ya que ni siquiera contaba con ninguna orden de ningún tipo, la puerta se entreabrió dejando ver un rectángulo de luz desde el interior.

-Disculpe… Ehm… Soy el oficial Petrov. ¿Se encuentra el dueño de casa? Quisiera hacerle unas preguntas.
Un señor de alrededor de cuarenta años, vestido con una bata de cama se asomó tímidamente.

-¿Quién lo busca? ¿Es usted un paparazzi?
-No, no –sonreí-. Le repito soy oficial.
-¿Su identificación?
-Ah, no bueno, no la tengo conmigo.
-Retírese, por favor.
-¡Marcus! ¡Déjalo entrar!

La voz provino del interior, clara y grave.

-Sí señor.

El hombre que al parecer sería un mayordomo, se hizo a un lado. Entré despacio y pedí permiso. En cuanto la sala apareció ante mis ojos decir opulencia y lujo eran adjetivos que quedaban pequeños para todo mi alrededor. De todas formas no estaba ahí para evaluar los tres o cuatro cuadros gigantescos abstractos ni la alfombra persa color champagne por mencionar algo, había llegado hasta allí para saber más sobre la tal Samanta.

Al pie de la escalera de mármol blanco se encontraba un hombre canoso, de barba, vestido con bata de seda negra y pantalones pijama al tono.

-Retírate Marcus. Vete a dormir, mañana será un largo día –después me miró con gesto austero-. ¿Qué busca oficial? ¿Qué quiere a esta hora? ¿No van a dejarme descansar?
-Lo siento. Le aseguro que si usted no tiene nada que ver con la muerte de la señora, no se arrepentirá de escucharme.
-No quiero escucharlo oficial. ¿Cree que hay un asesino tras de esta muerte? ¡Ridículo! Yo estaba en el pasillo cuando el hecho ocurrió. Nadie estaba con ella cuando entré al baño al escuchar el ruido de los cristales al romperse. Además, yo sé que no fui yo. La amaba a pesar de todo. Nunca podrán acusarme porque no tendrán pruebas en mi contra.
-Disculpe… Eso lo dicen todos.

Frunció el ceño y me miró. Después sus ojos se clavaron en sus pantuflas de fieltro, y negó con la cabeza.
-Es cierto. Si me pongo a pensar usted puede creer que yo la he empujado para matarla. Pero no… La verdad, es que desde hoy estoy muerto en vida. Sin ella nada tiene sentido. Acúseme si lo desea. ¡Indágueme! Me da igual. Mi rosa de invernadero ya no estará nunca más junto a mí.

Arquee una ceja disimuladamente.

¿Rosa de invernadero? Ay carajo esperaba que nunca me agarrara ese tipo de amor que te convertía en un idiota ridículo. ¡Por Dios!

Fueron unos segundos… Unos pocos segundos que mi mente recordó a la mujer de mis sueños. Su cabello castaño y sedoso cayendo hasta la cintura, sus ojos claros que me miraban llenos de pasión. Dios… Era una suerte que esa joven sólo existiera en mi subconsciente. De lo contrario, podría haberme comportado como este pobre hombre frente a ella y frente al mundo.

-Señor… Yo sólo quiero preguntarle quienes estaban en la casa cuando el hecho ocurrió…
-¡Pero es que no entiende que fue un suicidio! –interrumpió encolerizado-. Si tanta seguridad tiene vuelva con una orden judicial. He escuchado que le ha dicho al mayordomo que no la tiene.

Puse mi carpeta bajo el brazo y giré hacia la puerta de salida.

-Disculpe, que tenga buenas noches –saludé.
-¿Buenas noches? ¿Usted cree que tendré buenas noches? –dijo con la voz quebrada.

Lo miré con la mano en el picaporte de bronce.

-Lo siento –murmuré.
-¡Espere! –gritó.

Lo miré y solté el picaporte.

-No se vaya aún. No quiero que parta de aquí creyendo que mi Samanta tenía enemigos. Tome asiento… Le ofrezco algo de tomar.
-No, le agradezco. Creo que fue una equivocación venir hasta aquí. Buenas noches.

(Perspectiva de Sebastien)

En mi vida hubiera imaginado que estaría como padre esperando en los pasillos del instituto que rindiera el examen su hija adolescente. Bueno, yo no era el padre de Scarlet, ni ella era una adolescente. Ella era una mujer y yo era su hermano mayor.

Encendí un cigarrillo recostado a la pared, a unos dos metros estaba la puerta del aula donde mi hermana estaría rindiendo la última asignatura, matemática. Había salido airosa de ocho materias. Sonreí mientras aspiraba el humo. Era una pena que no fuera hija de Adrien, se merecía el título de Craig mucho más que Lenya y yo.

Lástima que con su carácter y sus caprichos era difícil de hacerla entrar en razón cuando algo se le metía en la cabeza. Aunque si no hubiera sido por ello jamás se me hubiera ocurrido la idea de que rindiera el estudio superior y que fuera capaz de estudiar en tan poco tiempo.

Quería Scarlet, y mucho. Sabía que ella no creía en mis sentimientos y suponía que cuando algunos de tus padres te rechazan como en el supuesto de su progenitor era difícil cree que alguien puede hacerlo. Le ocurría a Lenya…

No escuchaba ningún sonido desde el interior… ¿Qué diablos estaría ocurriendo? Bien había dos opciones al menos. Una, si eran cálculos de aritmética Scarlet no tenía porque hablar y estaría escribiendo en una hoja, dos… Que se hubiera comido a los profesores y saltado por la ventana huyendo.
Me pasé la mano, nervioso, por el cabello. ¡Diablos! Debía confiar en mi hermana después de todo.

-¡Caballero!

Giré para ver la dueña de la voz por el pasillo.

-¡No se puede fumar aquí!
-Lo siento…

Se acercó a mí con porte desafiante y autoritario. Era una mujer alrededor de cuarenta años, rubia, de anteojos gruesos, muy delgada. Me miró de arriba abajo. Me acomodé el saco del traje y abochornado le contesté.

-Lo siento de verdad.
-¿Qué hace aquí? –preguntó en tono más bajo.
-Pues espero a mi hermana, está rindiendo un examen. ¿Dónde podría tirar el cigarrillo?

Su mirada me desnudó.

-Bueno, no lo tire… Puede fumar en el patio interno. Allí a la izquierda.
-Es usted muy amable –sonreí.

Se apartó de mí y antes de alejarse hizo una caída de ojos.

Recordé a Bianca… Sonreí. Creo que tenía razón en ser un poco celosa, bueno, ¡un poco!

Antes de dirigirme al pasillo de la izquierda la puerta del aula se abrió despacio. Escuché la voz de Scarlet.

-Buenas tardes profesores, que tengan linda semana. Adiooos.

La miré perplejo. Con sus carpetas bajo el brazo me descubrió observándola y poco a poco sonrió.

-Salvé el examen. Era el último Sebastien… Ya puedo entrar a la Universidad.

Titubee…

¿Qué se hacía en estos casos? Se daba un beso en cada mejilla, se abrazaba, se decía, “¡te felicito!”.
Scarlet me miró esperando mi reacción varios segundos. Al no ver ningún tipo de mueca ni palabra se dio vuelta y camino hacia la salida. La seguí. Estaba muy bella y formal con ese trajecito al cuerpo y sus zapatos de taco. Parecía una secretaria.

-Scarlet.
-¿Si?
-¿Estás feliz?
-Lo estoy. Y Bianca lo estará también.
-Scarlet.
-¡Qué quieres!

La tomé del brazo y la retuve. Me miró expectante aunque sin comprender. Tragué saliva. ¡Qué idiotas somos algunos hombres para demostrar lo que sentimos! Al fin lo largué…

-Quiero decirte que estoy orgulloso de ti. Me alegro que seas mi hermana. Eres muy inteligente y…
-¿Y? –preguntó.
-Y que te quiero mucho.

Me miró fijo y mis ojos brillaron de emoción. Poco a poco sus labios fueron dibujando una sonrisa.

-¿De verdad?
-De verdad. Y quiero que sepas que nada malo te irá a ocurrir. Porque aunque no esté nuestro padre… Yo no permitiré que nada pase. Te protegeré siempre.

Scarlet dejó caer las carpetas al suelo, creí que iba a echar a correr, pero me abrazó fuerte. Y yo a ella.

-Lamento los regaños y discusiones, sólo quiero verte feliz y que no te metas en problemas.
-Sebastien.
-¿Qué cariño? –pregunté y la miré a los ojos.
-Yo también te quiero. Casi, casi, como a mamá y papá.

Sonreí.

-Entonces me doy por satisfecho.

A la salida caminamos hacia donde había estacionado el coche.

-Es una noche muy linda. Está haciendo frío, ¿verdad? –dijo abrazando su cuerpo.
-Sí, me temo que es la helada mortal otra vez. Pero no te preocupes Lenya se hará cargo. Ya quedamos de acuerdo. Una vez él, una vez yo. Controlaremos el clima no te preocupes.

Una sirena estridente nos sacó de la conversación. Scarlet giró para ver la esquina donde venía el ruido de la sirena y algún que otro grito.

-¿Qué ocurre Sebastien?
-Vamos Scarlet, sube al auto.

Me hizo caso pero cuando subí al asiento del piloto me preguntó ansiosa.

-Dime que ocurre.
-Es la policía. Por lo que escucho apenas, han robado un Banco. Debemos irnos de aquí, mejor.
-¿La policía? Es la que aparece en las películas en busca de ladrones.
-Exacto cariño.
-¿Ellos atrapan los malos, Sebastien?
-Algo así. También están para mantener el orden en una sociedad. ¿Sabes que es “la sociedad”?

Resopló.

-¡Por supuesto!

Sonreí.

Ella miró por la ventanilla e insistió.

-¿Es la que podría meterme presa si sabe lo que hice?

Tomé la ruta alejándome del bullicio y asentí en silencio. Ella volteó la cabeza y miró por el vidrio trasero del coche.

-¿Se llaman armas lo que tienen para lastimar humanos?
-Bueno, sí. Ellos pueden matar.
-¿Por qué ellos pueden matar?
-Porque matan a los malos… Es complejo el tema Scarlet.
-Sebastien.
-¿Si?
-Ya sé que quiero estudiar.

La miré por unos segundos y volví la mirada a la carretera.

-Dime.
-Quiero ser policía.
-¿Qué cosaaa estás diciendoooo?


Nota: No me olvidé de Bernardo, pronto tendrán noticias.

9 comentarios:

  1. ¡Hola Lou!

    Desde este momento me declaro fascinada por Grigorii, me encanta, y apenas lo conocemos, pero con lo que nos has contado es suficiente, creo que solo puede gustarme más ;) Y la charla de Sebastien y Scarlet ha sido maravillosa, me ha sacado una gran sonrisa, me da tanto gusto que reconozcan que se quieren... Supongo que Grigorii y ella van a conocerse eventualmente y su trama será muy compleja por lo que veo, así que será genial leerlo. Muchas gracias por compartir este precioso capítulo.

    Un besazo.

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    1. ¡Hola Clau! Me alegro que este nuevo personaje te atrape. Es una forma de mantener el interés de mi parte ya que una novela suele ser larga y no debe aburrir. Veremos que pasa con este caballero tan astuto y extraño. ¿Encontrará ala mujer de sus sueños?
      En cuanto a Sebastien es un dulce, ¿no?
      Te mando un beso enorme nena y gracias por leerme.

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  2. Uy me sorprendió Scarlett y su deseo de chapa ( policía en mi país) Uy que va pasar con Grigorii , aunque es medio maloso me gusta su tono oscuro . Te mando un beso espero que estés totalmente bien y te me cuidas mucho

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    1. ¡Hola Ju! Así parece, la niña le dio por ahí. ¿Capricho? Mmm algunos lo llaman destino.
      Un besazo cari y gracias por pasarte.

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  3. Hola Lou... Me ha encantado el capítulo... Gracias a ti por alegrarnos con tu novela... y, sí, ya imagino que no te olvidas de Bernardo ;-)
    Grigorii Pretov no pudo tener una infancia feliz... la muerte de su madre y el mal comportamiento de su padre le destrozaron unos años que pudieron ser muy buenos
    Me encanta que sueñe con esa mujer desconocida... Tal vez se lleve una sorpresa y la encuentre
    No sé quién es Anne, pero debe ser alguien importante para él
    Ya ha comenzado a investigar y quiere hablar con Bianca... veremos que sucede
    Sí, también me gusta este nuevo personaje
    La escena entre Sebastien y Scarlet ha estado muy bien
    Y ahora Scarlet quiere ser policía ;-)
    Ha sido un placer leerte, Lou... Y no me ha parecido largo ;-)
    Besos

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  4. ¡Hola Mela! Que bueno que te haya gustado y que no ha sido largo. Sé que leer en un blog quizás es un poco incómodo cuando me extiendo demasiado.
    Grigorri creo que conquistará a los lectores. Y Anne ya sabrán quien es. La investigación suele tornarse peligrosa para los Craig, veremos como solucionan nuestros vampiros el percance.
    Scarlet policía... bien, vamos por buen camino, creo... Un beso enorme y gracias por leerme nena.

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  5. Hola Lou, me encanta ver el blog con el tema de Halloween!!! buuuuu jajaja, oye espero espero leer en alguna capi se pegue alguna de las preguntas q nos hiciste jaja...
    Bueno ese Grigori no se va a cansar hasta averiguar la verdad y eso significa buscar a los Graig y x ese motivo se vienen problemas me parece a mi....y me alegro x Scarlet q paso los examenes pero chica esa profesion no me parece razonable con la fuerza de ella jaja, muy bueno el capitulo saludos y espero q estes mejor de salud!!!

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    1. ¡Hola Lau! Que bueno te gustó el banner. Y si mi cielo te cuento que ya mismito estoy subiendo un video que aclarará alguna pregunta. Lo de Lenya quedará para un par de capis más, prontito. En cuanto a Bianca es lo que más tardará en saberse pero el resto se irá sabiendo.
      Muchas gracias por comentar tesoro, un beso grande.

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  6. vaya¡¡¡con Scarlet, tendrá un encuentro, que tal vez sea determinante en su vida,,,saludos.-

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