Tema musical de Ojos de lobo: Déjame ser yo mismo.

sábado, 27 de septiembre de 2014



¡Hola! Feliz sábado para todos. Les dejo con cariño el capi 28 y les cuento para el que guste leer el fin de semana que dejaré el 29 mañana domingo. Así no las torturo porque las cosas están calientes en la mansión de los Craig. Paciencia... Les dejo un beso enorme y muchas gracias por leerme y comentar. 

Capítulo 28
Trampa mortal.

(Perspectiva de Sebastien)

Los días transcurrieron y mi hermano no hallaba mejoría. A la desesperación se le sumaba la incógnita de no saber que más hacer. Yo trataba de no moverme de al lado de su cama mientras Rodion iba a cazar y regresaba sin pérdida de tiempo por miedo a que hubiera una novedad y no estar presente. La mansión sin Douglas ya comenzaba a notarse que había dejado de ser un hogar propiamente dicho y sólo se mantenían paredes levantadas que podían llamarse casa. Bianca y yo casi no hablábamos salvo cuando me preguntaba por Lenya a  lo que yo respondía con un escueto, “sigue igual, gracias”. Scarlet y ella salían por las tardes a temprana hora para que mi hermana fuera acostumbrándose al ir y venir de los humanos, a sus gestos, a sus actitudes. En una semana Scarlet rendiría el estudio Superior o el llamado Secundario y estaría lista para ingresar a una Universidad. Claro si lograba pasar la gran prueba de enfrentarse a los humanos para los exámenes sin mandarse alguna de las suyas.

Confiaba en Bianca y en su buen tino. Si ella hubiera pensado que mi hermana no estaba apta para mezclarse con personas corrientes entonces no lo permitiría. Me alegraba por Scarlet. Se merecía una vida fuera de las cumbres aunque a Lucila no la había podido convencer.

La tarde del viernes mientras Bianca trabajaba en el hospital un doble turno, quedé en acuerdo con Samanta de tomar un café en su oficina y hacia allí me dirigía. No era que hubiera planeado día y hora. Así habíamos quedado desde hacía una semana y acepté no porque mi mujer no estaría rondado mis alrededores aunque después de todo fue más fácil salir y no dar explicaciones.

Cuando golpee la puerta de la lujosa oficina la abrió ella misma y no pude menos que mirar su atuendo.

—¿Vienes de correr? –pregunté mientras me estampaba un beso en la mejilla derecha.
—¡Ah! –rio—. ¿Lo dices por el conjunto de gimnasia?
—Ajá.
—Pasa, siéntate en el sofá, mi secretaria traerá el café. Encargué unos bocadillos para acompañar. Debemos hablar sobre el proyecto.

Desprendí los dos botones de mi saco azul y me senté tratando de recorrer con la vista la decoración y no clavarle los ojos en ese culo respingado.

—Te agradezco Samanta pero no como entre comidas. El café estará bien para mí.
—Okay –se acercó con un andar felino a pesar de sus tenis y su ropa informal—. En cuanto a mi vestimenta, sí. Corro por el parque para mantenerme, pero lo hago por la noche.
—¿No tienes miedo de correr sola por ahí?
—No corro sola. Lo hacemos en grupo. Mis amigas del gimnasio nos ponemos de acuerdo para trotar juntas. Somos seis.
—Ah, me parece bien.

Samanta arrimó la mesa ratona y se sentó en el sofá junto a mí. Recogió unos papeles que había dejado en una esquina de la mesa y me los extendió. Era imposible obviar el movimiento de sus pechos siliconados y voluminosos cuando se inclinó para alcanzar las hojas A 4. Estaba decidido a tomarme un café e irme. No iba a engañar a Bianca aunque la abstinencia sexual no iba hacérmelo fácil. Conocía que hacerme el galán y sucumbir sería  terminar por darle la razón a los celos de Bianca y terminar además con mi matrimonio.
Me extendió los papeles y me miró con sus ojos verdes de mirada inofensiva.

—Por favor léelo a ver que te parece. A mi modo de ver es una buena oportunidad para comenzar excavaciones en tu isla. El documento lo firma es señor Schneider. Un empresario judío que vive en Oslo. Está muy interesado en nuestro proyecto y colaborar. Por supuesto quiere su tajada. ¿Qué te parece?
—¿En tener un nuevo socio? Bueno… En ese tema sabes más tú que yo. Siempre he trabajado solo.
—Yo creo que será excelente.

Hojee las tres primeras hojas lentamente, aunque mi vista de vampiro había logrado leer con rapidez, traté de disimularlo.

—¿Estas son sus condiciones o propuestas?
—Así es y los datos de su contacto. Dirección de mail y móvil. Puedes llevarte el documento, tengo una copia.
—Gracias, lo leeré sin falta.

El secretario de traje gris entró con una bandeja conteniendo dos tazas de café y un platillo con bocaditos dulces.

Me revolvió el estómago el aroma de la crema pastelera y el queso dulce.

Recordé a Douglas y su predilección por el queso.

—Gracias cariño, déjala sobre la mesa. Puedes retirarte a tu casa. Ya no te necesitaré por hoy.
Samanta me observó mientras su secretario nos daba el formal saludo de despedida.
—Sebastien, ¿qué tienes? Te has puesto triste.

Levanté la vista de los papeles y la miré.

—Problemas familiares.
—Oh… Bien, si te hace sentir mejor cuenta conmigo para desahogarte. Yo también tengo mis dramas con mi marido, es tan celoso.

No lo culpaba en realidad. Tener una mujer como Samanta mostrando casi hasta el apellido pero con sutileza era de provocar enojo. O tal vez no… Me imaginé a Bianca vestida para matar y seducir a cada hombre que se cruzara y la sangre se me alteró.
Retomé la conversación ya que se había quedado mirándome esperando una respuesta.

—En mi caso es por mi hijo. Se fue de casa a vivir con su madre.

Arqueó una ceja.

—¿Eres divorciado?
—Con su madre nunca nos casamos pero mantenemos una relación de afecto.
—¡Mejor! No sabes lo engorroso de los trámites de divorcio, he pasado por tres.

Mis cejas se elevaron en señal de asombro.

—Sí lo sé. El ser humano es el único que tropieza con la misma piedra dos veces— rió.

No creas, pensé. No es el único…

—Mira Samanta si a ti te parece bien habla con Schneider.
—Prefiero que hablemos sobre el porcentaje que quiere. Es un veinte por ciento de todas las ganancias. –contestó, sacudiendo la larga cabellera.
—¿Pero compartirá los gastos?
—Muy poco.

Encogí los hombros.

—Pues no lo sé…
—Toma el café, se enfriará.

Alcé la taza y la llevé a los labios. Olía muy bien. Típico del café colombiano. Por lo menos me sacaría el aroma de los bocaditos que se había instalado en mi nariz. Bebí un trago largo y aparté la taza con un gesto de desagrado.

—Sebastien, ¿no digas que no tomas edulcorante? Mil disculpas. No uso azúcar. Si lo prefieres traeré dos sobrecitos. Creo que tengo en el cajón del escritorio.

Mientras negaba con la cabeza ella se puso de pie y se alejó.

—Está bien, no sabe tan mal, no te preocupes. Terminemos de hablar sobre Schneider.

Regresó lentamente y se sentó.

—Me preocupa que no te guste el café.

Tomé otro trago y sonreí.

—Descuida. ¿Ves? Tampoco es intomable.

Sus ojos me recorrieron lentamente. Mi rostro, deteniéndose en mis labios un poco más. Después mis piernas entreabiertas desde los pies hasta la cintura. Observó mi entrepierna y la punta de su lengua mojó el labio inferior.

—Sebastien… Eres tan… hermoso.

Deposité la taza y tomé valor.

—Gracias, tú eres una mujer muy bella… Pero… Debo irme… Soy casado y en mi casa tengo a la mujer de mis sueños.
—¿Casado? –murmuró con un dejo de decepción.

Sonrió inmediatamente.

—De cualquier forma, no soy celosa.

Viendo que las cosas se ponían densas intenté ponerme de pie. Quise salir caballerosamente y ver como resolvería sus sucesivas reuniones con ella, estaba seguro que debía evitar estar a solas con ella nuevamente, sin embargo mis músculos no respondieron como pensaba. Apoyé mi mano en el posabrazo y con un esfuerzo me levanté.

Ella se puso de pie y acercó la distancia entre los dos.

—Tranquilo Sebastien.

Su cara se puso borrosa.

—¿Qué…? ¿Qué me diste a tomar? —balbucee, mientras el sudor me cubría el cuerpo.
—Nada malo –contestó—. Imaginé que te resistirías a mis encantos, lo hiciste sutilmente desde el primer momento. Y no me gusta que me digan que no.

La habitación flotaba y todo daba vueltas. Me dejé caer en el sofá y cerré los ojos.

—Eres una hija de puta.
—¡No seas así! Eres malo. Yo que estoy a punto de darte una buena sesión de sexo oral y así me pagas.
—No –dije, me puse de pie –quiero salir de aquí.

Me fue imposible, los deseos a veces no son suficientes, caí acostado entre los mullidos almohadones con un temblor. Sentí sus manos como garras apoderándose de la pretina, del cinto, del botón. En segundos me sentí flotar entre nubes oscuras, un humo espeso me cubría. Había perdido la desorientación por completo. No podía ver a Samanta pero sí la sentía… Sus manos hurgando mis pantalones, su boca caliente hundiéndome profundo…

No… Bianca… No puedo hacerlo… Joder… ¡Qué alguien me ayude! Sin embargo nadie acudió. Estábamos solos y nadie de los míos estaba enterado que había caído en una trampa.
Cuando exploté por un orgasmo avasallador, grité de placer y de dolor al mismo tiempo. Al contraer mis músculos y forzarlos mi organismo estalló en mil pedazos. Mi corazón se aceleró para luego en varios minutos volver a los latidos normales. Escuché su voz lejana…

—¡Qué cosa eres! ¡Tienes colmillos como un vampiro!

Escuché el golpe de una puerta cerrarse y después todo silencio.

Evidentemente ella había huido. ¡Maldita sea! Sabía mi secreto. Yo… no podía ponerme de pie. Cerré los ojos y traté de calmarme. Joder… ¿Qué había hecho? Con o sin conciencia, no importaba… El miedo de haber sido descubierto aunque después una y mil veces lo negara y nadie le creyera, me invadió. Sin embargo percibía un terror mucho mayor que haber quedado expuesto. Bianca… A Bianca no le iba a importar en que condiciones había sucumbido.

No sé cuanto tiempo pasó mientras mi visión volvía y los músculos se distendían. Lo cierto que en cuanto me sentí seguro me puse de pie, tomé los papeles, y miré a mi alrededor.

—¿Realmente había pasado? ¿Me habían visto como vampiro? ¿Había engañado a Bianca?
Escuché pasos en el pasillo y me oculté tras la puerta. Los pasos de hombre siguieron de largo. Escuché que apagaba las luces del pasillo. Sería un guardia de seguridad. Esperé el silencio nuevamente y salí de ese maldito edificio.

Al llegar me metí en la habitación de Douglas y me dí un baño. Quería sacarme todo resquicio de esa maldita, de sus huellas en mi piel, de su saliva, de su olor a perfume de París. Me envolví en la toalla y salí al pasillo que daba a la escalera.

Charles subía con una bandeja con tarta y gaseosa. Caminó hacia mí sonriendo. Se detuvo y me miró.

—¡Oh! Veo que usas la habitación de Douglas, ahora. ¿Tan mal están las cosas?
—Sí –murmuré.
—¿Por qué no le llevas la tarta tú? Y ya que estás tan flojo de ropas…
—No bromees Charles. Vengo de la reunión con Samanta. No te imaginas que mal me ha ido.
—¿Qué quería?
—Lo de menos, desea conseguir varias cosas. El contrato podría tener otro socio de gran poder adquisitivo –comenté naturalmente, pero mi viejo amigo me conocía al dedillo.

Me miró a los ojos y continuó.

—Y… algo de todo lo que quiere conseguir, ¿hoy lo ha conseguido?

Lo miré y mis ojos se llenaron de lágrimas. Apretó sus ojos fuertes y negó con la cabeza.

—Sebastien…
—No me digas nada Charles. Sólo consígueme ropa, por favor. Voy a ver a mi hermano. No quiero ver a la cara a Bianca. No me va a perdonar el engaño.

(Perspectiva de Scarlet)

Salté varias veces arriba del colchón, cada vez más alto. No quería usar mis poderes sobrenaturales, sólo quería sentirme como una humana saltando arriba del colchón. Uno, dos, tres, ¡genial! Había tocado la lámpara del techo. Síiiiiiii. ¡Otra vez! ¡Uno, dos, y tres!

Bianca había llegado del hospital muy cansada y decidió descansar una hora  antes de la cena. Me aburría sin mi amiga humana. Siempre tenía anécdotas para contarme y yo no me cansaba de probarme sus cosas. Mientras saltaba miré el reloj a cuarzo de mi mesa de luz. Las ocho y media… Bianca iba cenar. Esta vez le había pedido a Charles que le subiera la comida. ¿Qué era? ¡Ah sí! Tarta de berenjenas. ¡Puaaaaj!
Me detuve parada en el colchón y me dejé resbalar hasta sentarme en la cama revuelta. Me daba pena Bianca… Estaba triste… ¡Mi hermano era un idiota! Miré a mi alrededor y mis ojos encontraron el papel crepes color mora tirado en la alfombra. Recordé que lo había sacado del cuarto de Douglas. Lo usaba para envolver las bombillas y darle color a la habitación como si fueran luces de colores. ¡Qué idiotez! Se debería a que había sido ciego y le encantaba ver colores por todos lados ahora que disfrutaba de ellos. Yo se lo había quitado para hacer unas flores para Bianca. Balancee los pies sin perder de vista el papel. ¿Cómo era que se hacían las flores de papel?

De pronto la voz de Sebastien me distrajo. ¡Diablos! ¿Salía de la habitación de Douglas? ¿Y ahora como devolvería el papel robado? Robar está mal, los Craig no roban. ¿Se daría cuenta?
Salté de la cama y me arrimé a la puerta. Apoyé el oído lentamente. En cuanto se fuera devolvería el maldito papel y buscaría otra cosa para darle a Bianca como obsequio.

¿Hablaba con Charles? Sí… Presté atención a cada palabra… Hablaban de esa bruja, de Samanta, la hermosa humana que según Bianca era menos hermosa que yo. Ella ponía nerviosa a mi amiga…
Al cabo de dos minutos retiré mi oído de la puerta. Me quedé con la vista clavada en el picaporte bronce tratando de dar crédito a lo que había acabado de escuchar.

¿Mi hermano había engañado a Bianca?

Di tres pasos atrás con la vista clavada en la puerta cerrada…

Una frase que Bianca me había dicho alguna vez recordando a Bernardo se hizo nítida, como si ella misma hubiera estado a mi lado hablándome.

“Los amigos son lo más grande que tienes en la vida. Ellos estarán aun cuando tu familia te haya dado la espalda.”

Mi corazón se apretó en un puño. ¿Y ahora? ¿Cómo debía actuar? Quería a mi hermano a pesar de todo pero… ¿Y Bianca?
Volví a recordar…
“Los amigos son lo más grande que tienes en la vida. Ellos estarán aun cuando tu familia te haya dado la espalda.”

Me enojé. Me enojé con Sebastien, y mucho.

Abrí la puerta y salí al pasillo, sin embargo ya no había nadie… Giré sobre mis talones y desvié hacia la habitación de Bianca. Por las voces Charles y ella conversaban. Sin pedir permiso entré.

—¡Scarlet! Ven –dijo Bianca palmeando la cama—. Hoy no he estado contigo porque he tenido mucho trabajo en el hospital. Pero podemos comer juntas, ¿verdad Charles?

Charles me miró y yo a él.

—Scarlet… Ven –insistió Bianca.

Charles me observó con cara de preocupado.

—¿Te sientes bien Scarlet? –preguntó con aire ceremonial.

Negué con la cabeza.

—¿Mi niña bella que tiene? –preguntó Bianca y palmeó a su costado nuevamente—. Ven cariño. ¿Has comido algo que no debías? Mira que no puedes probar cosas de humanos sin preguntarme.

Me mantuve en silencio.

—Scarlet –dijo Charles—, ¿qué diablos tienes?
—Es que… —dudé—. Los amigos deben decirse todo, ¿verdad? –pregunté con las ganas de que  dijera quizás, depende, tal vez, según las circunstancias. Pero no…
—Por supuesto Scarlet, por eso son amigos. No deben ocultarse nada.
—¿Sea lo que sea? –insistí.
—Sí Scarlet, de lo contrario sería como una traición —contestó mi amiga.
—¿Pero si alguien te hace daño y si al contártelo te hace más daño?

Charles se acercó tratando de indagar en mis ojos a donde quería llegar. Él sabía lo que había hecho Sebastien y había callado… Pero Charles no era amigo de Bianca, era como su papá… Yo sí lo era…
Bianca era muy inteligente, raro para ser humana y no una raza superior como la nuestra, sin embargo juraría que algo intuyó. Se puso seria y se adelantó hasta donde estaba yo de pie como estatua. Me tomó de la mano y me dejé llevar. Nos sentamos en la cama y me miró a los ojos.
En ese instante la voz chillona de ese tal Rodion invadió la casa y nuestros oídos. Charles salió a su encuentro y yo me quedé sola con Bianca en la habitación.

Mi amiga humana buscó mis ojos y su mano tomó mi barbilla con dulzura.

—Scarlet, ¿qué tienes que decirme?
Mis ojos se llenaron de ese líquido molesto llamado lágrimas y murmuré.

—No quiero hacerle daño a Sebastien… Lo quiero, aunque un poquito así –dije señalando con los dos dedos la extensión de mi amor.
—¿Por qué vas a hacerle daño si me lo cuentas?

De pronto su pregunta hizo un “clic” en su cerebro y sus ojos se abrieron grandes. Nunca vi un rostro humano ponerse tan triste. Ella se cubrió de pena, su mirada estaba brillosa y la barbilla le tembló.

—Scarlet…

Negué con la cabeza repetidas veces.

—¡No sé qué hacer! Porque tengo que contártelo, eres mi amiga, y a la vez no quiero que Sebastien se ponga triste. Charles y él hablaron de Samanta pero no quiero contarlo Bianca, pero tú dijiste que los amigos se deben contar todo.

Bianca me tomó las mejillas con sus manos y sonrió con tristeza.

—No Scarlet. Es cierto que los verdaderos amigos se deben contar todo, pero también es cierto que los amigos no pueden poner entre la espada y la pared a los que consideran sus amigos. Scarlet, no me cuesten nada cielo. No es necesario.


4 comentarios:

  1. Vaya con esa zorra de Samanta, la voy a matar y las cosas se van a poner bien feas con Sebastian y Bianca, aunq él no es culpable ya Bianca tenia celos y sospechas y ahora pasa esto uuu, nada bien van a estar, mil gracias x el capitulo!!!

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    1. ¡Hola Laura! Siii que es zorra esa Samanta. Yo también la mataría, quien sabe alguien se encargue de nuestro deseo...
      Sebastien no es culpable pero debió escuchar a Bianca, él creyó que eran celos estúpidos y cuando una mujer desconfía tanto mmm... por algo será. Un beso enorme guapa y gracias por comentar.

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  2. Hola Lou... A Lenya le está costando mucho recuperarse, pero estoy segura de que se pondrá bien
    Creo que Sebastien ha intentado evitar lo sucedido con Samanta, pero finalmente ha ocurrido lo que tanto temía Bianca
    De todos modos, esto ha sido una violación... ella lo ha drogado
    Ya veremos si Sebastien sabe explicárselo a Bianca... nadie es culpable de una violación... bueno, es culpable el que viola... en este caso, Samanta
    Y Sebastien va a tener otro problema grave... Samanta le ha visto los colmillos, sabe que es un vampiro
    Me gusta bastante Scarlet... la pobre no sabía que debía hacer
    Excelente capítulo que has dejado muy interesante
    Besos

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    1. ¡Hola Mela! He vuelto al navegador Chrome como verás puedo comentar por suerte. Sí ha sido una violación y yo creo que eso aminora las cosas. Hay que ver si Bianca quiere escuchar, a veces el enojo no nos permite sentarte a hablar tranquilos. El problema yo creo es que Sebastien tiene a su hermano enfermo y esa es su prioridad lamentablemente no está en condiciones. Así están las cosas amiga. Veremos que pasa. Un besote enorme y gracias por pasarte y comentar.

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